Esculpir sin miedos..

Permíteme que te hable directamente a los ojos y que te confiese uno de los mayores secretos de la docencia: los maestros de escuela somos escultores.

Nacimos con esta vocación… y esta vocación la compartimos con todos nuestros alumnos; sin guardarnos nada. Sin que ellos nos lo pidan. Sin que aparezca en ningún titulo o certificado oficial.

Y somos escultores porque nuestro propósito es extraer de cada uno de ellos lo mejor que llevan dentro; aunque ellos no lo vean. Aunque sus compañeros no lo entiendan. Aunque sus padres no confíen.

Nosotros lo vemos, y con eso nos basta para cada día ir puliendo ese diamante en bruto, ir tallando esa pastilla de jabón, ir cultivando esa semilla que pronto brotará por sí sola. 

Y lo hacemos con paciencia. Con desesperación. Con persistencia.

Y lo hacemos con nuestro ejemplo. Con nuestras palabras de ánimo. Con nuestros abrazos infinitos.

Y lo hacemos cuando te vas a casa y sólo piensas en cómo puedes ayudarle a ese pequeño o a esa pequeña a superar sus problemas, a calmar sus tristezas, a que deje de llorar en la fila cuando su mama le suelta la mano.

Somos escultores… y solo tenemos nuestro ejemplo. Nuestro espejo. Nuestro amor para que nuestros alumnos sean ellos mismos más allá de una suma, una resta, o una travesura al final del día.

Nuestra mayor herramienta es la confianza.

La que nunca debemos de perder. La que debemos de tener en nosotros y, sobre todo, en ellos… en su mundo inabarcable de posibilidades. En sus fortalezas. En sus debilidades. 

¿No sientes que nuestra palabra resuena con mas fuerza en su interior que cualquier enunciado? ¿Qué cualquier dogma? ¿Qué cualquier mandamiento o norma?

Somos escultores… no lo olvidéis. Y sacad lo mejor de cada uno de ellos.

Dadle la forma que se merecen. Que veis en sus miradas. Que os transmiten sus manos. 

Dejad huella en ellos. Atreveros. No tengáis miedo. Perderlos. Sed valientes. Conquistad sus recuerdos.

Esta profesión tiene magia. Y esa magia no se encuentra en los libros. Ni en los planes de estudio. Ni en los cursos de formación. Ni mucho menos en toda la realidad virtual que nos rodea.

Esa magia reside en nosotros. En nuestra forma de caminar por el mundo. En nuestra forma de mimarlo. Cuidarlo. Compartirlo.

Somos escultores de cientos de obras que, el día de mañana, tendrán lo que no esta escrito en ninguna rúbrica: ¡¡VIDA!!

Démosela..

Insuflémosela..

Esculpámosela..

Como dijo Joseph Addison.. “lo que una escultura es para un bloque de mármol, la educación es para el alma humana”.

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