¡¡Mi profe Alberto…!!

Siempre he mirado a algunos compañeros docentes con envidia cuando éstos han recibido la visita de sus antiguos alumnos en sus clases y los alumnos les han contado, con el corazón abierto de par en par, cómo les va la vida.

Yo nunca tuve este gesto de respeto y admiración con mis profesores de referencia, principalmente por vergüenza. Y porque por aquella época mi colegio era un tanto especial. Pero les debo mucho a aquellos que me enseñaron a leer, a escribir, y a dar mis primeros pasos en la vida.  

Y cada vez que me he cruzado con ellos por la calle les he sabido reconocer lo que por mí hicieron.

Pero ha llegado un punto en mi vida profesional que ese gesto tan simple y significativo se ha dado la vuelta y lo he comenzado a vivir en primera persona.

Y ha sido sin esperarlo y cargado de sinceridad. Tanto por parte de los que fueron mis alumnos y se acordaban de mi nombre, como por mi, que me acordaba de sus nombres y de algunas trastadas que hicieron en mis clases.

A ellos en persona -y a todos los alumnos que por mis manos han pasado- les deseo que persigan sus sueños, que no dejen de ser ellos mismos y que sean felices. Eternamente felices.

A mi me deseo que siga teniendo ese espíritu de maestro escuela que me hizo estudiar magisterio -por partida doble-; que no sucumba ante ciertos compañeros cuya envidia les corroe la mirada; y que siga queriendo cada día ser mejor educador. 

Mi profe Alberto… qué bien suena en la voz de los que fueron mis alumnos.

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